Roald Dahl, una vida llena de aventuras (Primera Parte)
Hacía mucho tiempo que quería que llegara este momento. Después de mucho años por fin conseguí la última parte de la novela autobiográfica de mi escritor preferido: Roald Dahl.
Pero empecemos por el principio:
La primera parte de esta novela autobiográfica se titula Boy. Relatos de la infancia. En él Dahl nos transporta a su niñez a través de las increíbles historias que le suceden. Nacido en Gales en una familia pudiente, en el libro nos cuenta cómo su padre, con grandes aspiraciones para progresar en la vida, abandona Noruega y comienza a abrirse paso en el mundo de los negocios donde prospera y finalmente se casa y forma una familia.
Roald Dahl nos narra en la primera parte del libro cómo fue de feliz su infancia: sus viajes a Noruega en barco, sus recorridos por las islas donde se quedaban todo el verano, y la relación que tenía con sus abuelos. Para él estos constituyen sus mejores recuerdos.
Sin embargo el primer revés que sufre su familia es la muerte de Astri, hermana de Dahl, de apendicitis a los 3 años. Semanas más tarde murió su padre a los 57. Sin embargo lo que Dahl destaca aquí es la fuerza de su madre, que no tira la toalla, y con sus hijos decide permanecer en Gales y educarlos en la férrea educación inglesa, tal y como su marido hubiese querido.
Y así fue cómo Dahl quedaría marcado para siempre, y si habéis leído algún otro libro de él, en todos aparece (aunque sea mínima) una referencia a la educación tan severa que recibió.
La primera travesura que le ocurre a Roald en la Escuela de la Catedral de Llandaf (donde permaneció desde los 7 a los 9 años) nos la cuenta en este libro: sus amigos y él visitaban muy a menudo una tienda de chucherías perteneciente a la señora Pratchett. Dahl la describe como una mujer enorme con unos dedos sucios que toca los caramelos para dárselo luego a los niños. Los chicos deciden hacer una apuesta: quién de ellos se atrevería a poner un ratón muerto en una jarra de chucherías. Y así fue como Dahl recibe su primer castigo en el colegio.
Sin embargo, su madre decide que debería ir a un colegio interno, muy famoso en el periodo de entreguerra: St Peter's. Aquí fue donde Dahl comenzó a escribir a su madre cada día cartas, hábito que mantuvo a lo largo de su vida: (Incluso en los libros podéis apreciar casi todas las cartas que le fue mandando).
De todas formas y mientras estuvo interno en St Peter's en Weston Super- Mare, las cartas pasaban por la férrea censura de su director. En este colegio Dahl sufrió mucho. La ausencia de su madre, los castigos del director, las celadoras... le hacen tener mucha nostalgia de su hogar. En un pasaje del libro, Dahl nos cuenta lo que echaba de menos su casa, por lo que idea un plan para volver: sabía que si decía que le dolía mucho la tripa tendría permiso para volver a casa una semana. Así que así fue como consiguió su propósito de volver a ver a su madre tras varios meses de ausencia.
De los 13 a los 20 años Dahl se permaneció en Repton en Derbyshire. Si ya St Peter's fue para el severo, este último le marcó definitivamente (si habéis leído o visto Matilda, entenderéis porqué).
En este colegio Dahl nos habla de los Auxiliares: que quedaría reflejado en su historia Galoping Foxley (recopilado en el libro Relatos de los Inesperado). Estos auxiliares eran chicos mayores que desempeñaban funciones de vigilancia. Tal era su severidad que los castigos eran todos los días: por hablar en clase, por no llevar los cordones atados, por no quitar el polvo de su cuarto... El castigo consistía en "cuatro con la bata puesta o tres sin ella" lo que significaba que les pegaban con un látigo. Y como este millones más.
Cuando cumplió los 18 en 1933, su madre le preguntó si quería estudiar en Oxford o en Cambridge. Dahl afirmó que lo que quería era ir a tierras lejanas y trabajar para una empresa. Así consiguió trabajo en la compañía Shell. Allí recibió dos años de instrucción y en 1936 le enviaron a Africa Oriental. Él por aquel entonces no lo sabía pero fue allí en África donde le sorprendió el estallido de la IIGM... ¡pero eso ya es otro historia que pronto conoceréis!
Mi valoración personal de este libro es ¡un rotundo 10! He disfrutado cada página, cada palabra... Siendo además la segunda vez que lo leo... Dahl nos atrapa con su forma tan única de escribir y con ese sentimentalismo. Si todavía no conoces nada de él Boy te sorprenderá y ya, como me ha pasado a mi, no podrás desengancharte de él. Cada libro contiene algo único, precioso que cautiva nada más abrirlo. Da igual por qué libro de Dahl empieces, pero ¡empieza! ¡Te va a sorprender!
Pero empecemos por el principio:
La primera parte de esta novela autobiográfica se titula Boy. Relatos de la infancia. En él Dahl nos transporta a su niñez a través de las increíbles historias que le suceden. Nacido en Gales en una familia pudiente, en el libro nos cuenta cómo su padre, con grandes aspiraciones para progresar en la vida, abandona Noruega y comienza a abrirse paso en el mundo de los negocios donde prospera y finalmente se casa y forma una familia.
Roald Dahl nos narra en la primera parte del libro cómo fue de feliz su infancia: sus viajes a Noruega en barco, sus recorridos por las islas donde se quedaban todo el verano, y la relación que tenía con sus abuelos. Para él estos constituyen sus mejores recuerdos.
Sin embargo el primer revés que sufre su familia es la muerte de Astri, hermana de Dahl, de apendicitis a los 3 años. Semanas más tarde murió su padre a los 57. Sin embargo lo que Dahl destaca aquí es la fuerza de su madre, que no tira la toalla, y con sus hijos decide permanecer en Gales y educarlos en la férrea educación inglesa, tal y como su marido hubiese querido.
Y así fue cómo Dahl quedaría marcado para siempre, y si habéis leído algún otro libro de él, en todos aparece (aunque sea mínima) una referencia a la educación tan severa que recibió.
La primera travesura que le ocurre a Roald en la Escuela de la Catedral de Llandaf (donde permaneció desde los 7 a los 9 años) nos la cuenta en este libro: sus amigos y él visitaban muy a menudo una tienda de chucherías perteneciente a la señora Pratchett. Dahl la describe como una mujer enorme con unos dedos sucios que toca los caramelos para dárselo luego a los niños. Los chicos deciden hacer una apuesta: quién de ellos se atrevería a poner un ratón muerto en una jarra de chucherías. Y así fue como Dahl recibe su primer castigo en el colegio.
Sin embargo, su madre decide que debería ir a un colegio interno, muy famoso en el periodo de entreguerra: St Peter's. Aquí fue donde Dahl comenzó a escribir a su madre cada día cartas, hábito que mantuvo a lo largo de su vida: (Incluso en los libros podéis apreciar casi todas las cartas que le fue mandando).
De todas formas y mientras estuvo interno en St Peter's en Weston Super- Mare, las cartas pasaban por la férrea censura de su director. En este colegio Dahl sufrió mucho. La ausencia de su madre, los castigos del director, las celadoras... le hacen tener mucha nostalgia de su hogar. En un pasaje del libro, Dahl nos cuenta lo que echaba de menos su casa, por lo que idea un plan para volver: sabía que si decía que le dolía mucho la tripa tendría permiso para volver a casa una semana. Así que así fue como consiguió su propósito de volver a ver a su madre tras varios meses de ausencia.
De los 13 a los 20 años Dahl se permaneció en Repton en Derbyshire. Si ya St Peter's fue para el severo, este último le marcó definitivamente (si habéis leído o visto Matilda, entenderéis porqué).
En este colegio Dahl nos habla de los Auxiliares: que quedaría reflejado en su historia Galoping Foxley (recopilado en el libro Relatos de los Inesperado). Estos auxiliares eran chicos mayores que desempeñaban funciones de vigilancia. Tal era su severidad que los castigos eran todos los días: por hablar en clase, por no llevar los cordones atados, por no quitar el polvo de su cuarto... El castigo consistía en "cuatro con la bata puesta o tres sin ella" lo que significaba que les pegaban con un látigo. Y como este millones más.
Cuando cumplió los 18 en 1933, su madre le preguntó si quería estudiar en Oxford o en Cambridge. Dahl afirmó que lo que quería era ir a tierras lejanas y trabajar para una empresa. Así consiguió trabajo en la compañía Shell. Allí recibió dos años de instrucción y en 1936 le enviaron a Africa Oriental. Él por aquel entonces no lo sabía pero fue allí en África donde le sorprendió el estallido de la IIGM... ¡pero eso ya es otro historia que pronto conoceréis!
Mi valoración personal de este libro es ¡un rotundo 10! He disfrutado cada página, cada palabra... Siendo además la segunda vez que lo leo... Dahl nos atrapa con su forma tan única de escribir y con ese sentimentalismo. Si todavía no conoces nada de él Boy te sorprenderá y ya, como me ha pasado a mi, no podrás desengancharte de él. Cada libro contiene algo único, precioso que cautiva nada más abrirlo. Da igual por qué libro de Dahl empieces, pero ¡empieza! ¡Te va a sorprender!
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